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Cómo nos sentimos influye en cómo comemos

hace 22 horas
3 min de lectura

Comprender nuestros hábitos alimenticios con curiosidad y compasión



¿Alguna vez te has encontrado buscando algo en la despensa después de un día estresante, sin saber exactamente qué querías? ¿O te has dado cuenta de que te saltaste el almuerzo porque tenías tantas cosas encima que apenas notaste el hambre?


Nuestras emociones pueden influir en cuándo comemos, qué elegimos y cuánta atención prestamos a lo que nuestro cuerpo necesita. A veces buscamos consuelo en la comida. Otras veces, la preocupación o la tristeza hacen que comer se sienta como una tarea más. Estos momentos nos ofrecen una oportunidad para comprendernos un poco mejor.


La comida representa más que nutrición


La comida puede representar consuelo, celebración, conexión y tradición. Especialmente en el otoño, una comida familiar o un antojo de temporada puede despertar recuerdos de personas y lugares que queremos. Disfrutar de esas experiencias puede ser una parte significativa de nuestro cuidado personal.


El estrés puede llevarnos a comer algo rápido mientras seguimos adelante con un día exigente. La soledad puede hacernos buscar consuelo o algo que nos ilusione. El aburrimiento puede llevarnos a la cocina en busca de distracción, mientras que sentirnos abrumados puede hacer que comer quede al final de nuestras prioridades. Estos patrones nos ofrecen información sobre lo que estamos viviendo y dónde podríamos necesitar más apoyo.


También podemos tener varias necesidades al mismo tiempo. Puedes tener hambre y sentirte solo. Puedes necesitar cenar y tener un momento para relajarte. Reconocer una necesidad emocional no hace que tu hambre física sea menos válida.


Tres maneras de practicar esta semana


1. Cambia la crítica por la curiosidad


Cuando notes un patrón en tu manera de comer, presta atención a cómo te hablas. Decirte «No tengo autocontrol» deja poco espacio para comprenderte. En cambio, decirte «He tenido un día difícil y estoy buscando consuelo» te ofrece un punto de partida útil.

Haz una breve pausa y pregúntate: «¿Qué noto en mi cuerpo? ¿Qué estoy sintiendo? ¿Qué me ayudaría en este momento?». Quizás notes hambre, cansancio, tensión, tristeza o una necesidad de conexión. Esta pausa es una oportunidad para escucharte. No necesitas justificar tu hambre ni ganarte el permiso para comer.


2. Haz espacio para tus necesidades físicas


Cuando la vida se llena de ocupaciones, comer puede quedar al final de la lista. Antes de asumir que un patrón es completamente emocional, considera si has comido lo suficiente y si has tenido la oportunidad de disfrutarlo. ¿Has estado posponiendo el almuerzo para terminar una tarea más? ¿Has pasado el día cuidando de los demás mientras dejas tus propias necesidades de lado?


A veces, el siguiente paso es simplemente hacer tiempo para una comida que te satisfaga. Comprender tus hábitos alimenticios también incluye reconocer cuándo no has atendido las necesidades de tu cuerpo.


3. Amplía tus fuentes de consuelo


La comida puede ser una fuente de consuelo. También puedes contar con otras formas de cuidarte, como salir a tomar aire, escuchar música, pasar tiempo con una mascota, escribir unas líneas o comunicarte con alguien de confianza.


Pregúntate: «Además de lo que estoy comiendo, ¿qué más podría ayudarme?». Si sientes soledad, quizás necesites conexión. Si todo te resulta abrumador, quizás necesites un descanso o ayuda con alguna tarea. Tener varias maneras de cuidarte te ofrece más opciones cuando aparece una emoción difícil.


Una pequeña práctica para esta semana


Una vez al día, haz una breve pausa al comer una comida o un refrigerio. Pregúntate qué estás sintiendo, qué necesita tu cuerpo y qué gesto de amabilidad puedes tener contigo. Concéntrate en observar y comprender. No hay calificaciones ni respuestas perfectas.


Un recordatorio amable


Puedes disfrutar de un antojo de otoño, apreciar una receta familiar reconfortante y trabajar en una relación más consciente con la comida. Estas experiencias pueden coexistir.

Esta semana, ofrécete un poco más de atención y un poco menos de crítica. Comprender un patrón comienza con estar dispuesto a reconocerlo.


Reflexión: Cuando busco refugio en la comida —o pierdo el interés en comer—, ¿qué podría estar pasando emocionalmente y qué apoyo podría ofrecerme?


Cristina Mantilla, LMHC


 
 
 

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